viernes, 25 de marzo de 2016

El momento de la semana santa: el Cachorro

A lo largo de la semana existen muchos momentos, tantos como personas, sensaciones, sentimientos. Para mí existe un momento sublime, que te reconcilia con las tardes de lluvias, cancelaciones, frío y sillas vacías en Campana, y es cuando el Cachorro enfila por Reyes Católicos, cuando su figura se ve recortada tras un cielo despejado, azul, con el sol de la tarde obsequiandonos con cada minimo detalle que se puede apreciar en su totalidad. Uno de los últimos días que debería anunciar pesar por el fin de la semana se convierte en algo totalmente festivo. Como si nos diera una prórroga, como si todo volviese a empezar de nuevo. Todo el mundo se echa de nuevo a las calles con los mejores vestidos, con los mejores ánimos, como si no pesara nada estos días de cofradías. Capaz de borrar de un plumazo toda la resaca de la Madruga, todo el cansancio acumulado. Una ultima saeta antes de entrar en Campana y el crucificado de Triana que en su momento tallase magistralmente Ruiz Gijón plasmando el gesto agonico del gitano moribundo, se va hasta el año que viene.

jueves, 24 de marzo de 2016

La centuria macarena

La centuria lleva guardando la formación todo el año, demostrando una paciencia y una disciplina prodigiosa. Todos los jueves se presentaban como un clavo en la calle Feria, reclamando el espacio que le pertenece, reclamando territorio macareno, conteniendo la ansiedad que genera la proximidad del jueves santo, la proximidad de la madruga, la proximidad del desfile que reparte alegría, ilusión y venias al señor de Sevilla. Durante todo el año, en un rinconcito de la calle feria ha sido jueves santo, ha sido víspera de madruga. Muchos más días soleados que grises en la espera. Hoy el sol iluminará el jueves santo, nos iluminará el camino, nos obsequiara, nos regalará un día inmejorable para el disfrute, acorde con La Pasión del día. Hoy veremos a la centuria macarena

martes, 22 de marzo de 2016

El lunes Santo, el Museo y las carreritas

Y cayó la mundial. Nos cayó la mundial. Tras sortear como se ha podido durante estos días las inclemencias del tiempo, tras tanto ajuste y reajuste el cielo cayó el Martes sobre las cofradías y la gente que había a esa hora en la calle. Tardes de café, chocolate caliente y torrijas, a salvo también del frío que aparece en cuanto para de llover. Ayer se partió el día por la mitad. Nos dejó un placido atardecer para ver las cofradías. Cuando el cristo del Museo entraba en Campana se asento en la plaza del Duque una agradable sensación a humedad y quietud inmejorable para observar la majestuosa talla que Marcos Cabrera hizo en el siglo XVI. La anatomía de la talla, la expresión, la postura, entró en Campana y con ÉL el Lunes Santo, que medianamente consiguió salvarse en el descuento, como aquel que dice. Me disponía a marcharme, antes de la llegada del palio, cuando me sobresalto de repente un fuerte golpe a mi izquierda, al mirar me encontré con la avalancha de gente que corría despavorida no se sabe muy bien de qué. Desde siempre he visto en Semana Santa peleas, algún que otro borracho que deambulaba por mitad de la cofradía como el que va por su casa, alguno que otro que siempre la liaba, pero la gente JAMÁS salia corriendo llevados por la histeria, antes bien mandaban a callar, se echaban encima del que sea o llamaban a la policía. La Semana Samta la hacemos entre todos, todos somos responsables de alguna manera. A mí por poco me dejaron caer encima de un carrito de niño pequeño y en un arranque de indignación intente aplacar junto con otras personas a los que corrían despavoridos sin saber muy bien de qué. Resultado: niños pequeños llorando, nervios, chavalitas jóvenes que lloraban abrazadas...y todo por nada. Menos carreras y más arrojo hacia los que perturban el orden procesional, hacia los que perturban el saber estar de la inmensa mayoría.

lunes, 21 de marzo de 2016

Los dos primeros dias

Ay, ay, ay. Ay, ay, ay...se ha cumplido finalmente hoy. Ayer, en un escorzo de los acontecimientos, en un giro de las previsiones y cuando se esperaba un día negro en muchos aspectos, se salvo e incluso se mejoró el Domingo de Ramos. Ayer, muchos se pusieron las túnicas con las emociones agarradas al pecho, hicieron el camino a la hermandad con la incertidumbre de un dia puñetero, gris, que de vez en cuando dejaba caer alguna gota que amenazaba arruinar el dia tan esperado, pero como iba diciendo, el día se salvo y hasta mejoró. Esos pequeños desajustes al inicio del día nos permitieron ver a la Borriquita y al Amor compartiendo estación de penitencia. Ha sucedido pocas veces, últimamente más, precisamente por cuestiones meteorológicas, pero ver todo el cortejo desde la intimidad y cercania de una calle estrecha es una de las estampas de nuestra eterna semana santa, siempre trufada de sensaciones y emociones. Desde el contraste de los pequeños nazarenos vestidos de blanco acompañados por sus madres y que risueños reparten caramelitos y estampitas a todo el mundo , hasta la sobriedad, el silencio y la seriedad de los adultos vestidos con antifaz negro y que acompañan al cristo del Amor tallado por Juan de Mesa en el siglo XVII. La espera merece la pena. Uno se siente un privilegiado por unos instantes cuando al mirar hacia arriba se encuentra con la expresión majestuosa, sobrecogedora que en su día realizara el genio imaginero, cuando al mirar hacia arriba ve la mismísima expresion caída de la muerte del hijo de Dios, de un profeta, de una persona, que se va a encontrar con lo inevitable. Hoy, el destino, el tiempo, ha querido que llueva y se han visto las primeras lagrimas de tristeza y frustración. Habrá que posponer la festividad y la salida para el año que viene si el tiempo acompaña. Esta vez toca recogimiento e intimidad. Muy especialistas en esto todas las hermandades y gente comprometida que durante el año recogen el pulso de los más necesitados, de todos aquellos que se acercan pidiendo ayuda y son aliviados de buena parte de esa carga tan pesada que es la necesidad.

sábado, 19 de marzo de 2016

La dulce espera

Cuarenta días llevan esperando. Toda la cuaresma. Sin inmutarse, sin descomponerse lo más mínimo gracias a la calidad del chocolate con el que están hechos. Han soportado a niños acompañados por sus padres que le daban golpecitos al cristal, a curiosos que los señalaban con el dedo mientras cuchicheaban, también a multitud de guiris que llevados por un frenesí de reporteros gráficos frustrados veían en ellos algo insólito, una noticia destacada para enseñar a sus paisanos en el viaje de vuelta. Han visto como se modificaba a contrarreloj el paisaje de la Campana, como colocaban las primeras pilas de sillas y vallas y los primeros faldones en los balcones. Han visto las primeras gotas de lluvia y las primeras ráfagas de viento impertinentes de la primavera. Les han subido y bajado dos veces al día la reja de la confitería en sus propias narices. Algunos de ellos, algunos compañeros, han sido victimas de la glotonería humana sin que su número y compostura sufriera merma alguna. Todo lo han soportado con una estoicidad inconmensurable, que marcará el camino sin ninguna duda a sus hermanos mayores, a los de carne y hueso, cuando comiencen a pasar mañana delante de ellos si el tiempo lo permite. Serán testigos mudos de una nueva semana santa, entre lo solemne y grande que pase ante ellos y el bullicio lleno de vida, conversaciones animadas y correrias infantiles entre los veladores colocados tras ellos. Formarán parte de nuevos recuerdos infantiles en una nueva semana santa. Y siempre estarán ahí para recordarnos que una vez todos fuimos niños.

viernes, 18 de marzo de 2016

Un asuntillo sin importancia: el agua que consumimos todos

Creo, tengo la sensación, que en los próximos años se nos vendrá encima a todos los españoles un problema de tamaño colosal. Y que como siempre, nadie verá venir hasta que sea demasiado tarde y se proponga como solución alguna que otra manifestación y lecturas de manifiesto Por aquí todo se soluciona de la misma manera, saliendo a la calle a dar tres voces y siendo más original que ninguno en los lemas o en las cosas que se dice. Me refiero al asunto del agua. Durante todos estos años, durante todos estos inviernos, ha llovido y nevado hasta aburrir. Hemos enlazado de manera consecutiva un temporal tras otro que nos ha dejado inundaciones y embalses llenos.  Hemos tenido temporadas muy lluviosos que nos han durado hasta bien entrada la primavera y que han roto las estadísticas en cuanto a semana santa o ferias con más precipitaciones. Recuerdo que cuando iba al colegio nos enseñaban que, sobre todo en el sur, teníamos una climatología extrema, es decir, que lo mismo había largas temporadas de lluvias que lo mismo dejaba de llover para dar paso a largas temporadas en las que no caía ni una sola gota. Hace un poco más de veinte años tuvimos restricciones de agua. El agua se cortaba a las seis o a las siete de la tarde, no lo recuerdo bien, y se volvía a dar por la mañana.  Recuerdo que siendo yo un niño se repartían pegatinas por todos los establecimientos, recordándonos lo necesario que era mantener el grifo cerrado para no desperdiciar el agua que no íbamos a utilizar. El tema llegó a ser de gran preocupación. La vida que llevamos - ya sea buena, mala o regular- en nuestra ciudad, rodeado de amigos y conocidos, la llevamos porque tenemos la posibilidad de disfrutar y pagar el agua que sale por los grifos. Damos por supuesto algo que quizás no es tanto: que siempre va haber agua. Durante todos estos años de crecimiento de la población, de crisis política y económica, de trasvase de dinero público a bolsillos privados de manera ilícita y de una infinidad de preocupaciones ya fueran reales o inventadas, me da la sensación que muy poco tiempo y dinero se ha utilizado en adecuar la nueva situación hidrográfica a las nuevas exigencias de una población mucho mayor. Quiero pensar que se ha destinado esfuerzos en adecuar instalaciones y mejorar y superar la capacidad de embalse en nuestro país; sin embargo, en cuanto se lleva unos cuantos meses sin llover en cualquier región de nuestro país, los meteorólogos ya comienzan a rescatar el término de sequía y comienzan a hablar de embalses vacíos o semivacíos. Da la sensación que de nuevo estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, esta vez hidrográficas, y que la única voz de alarma proviene del meteorólogo que tiene que intentar esquematizar en pocos minutos todas las observaciones de su ciencia al final del telediario. Espero que sea una ilusión, que yo esté equivocado....y que no se tire sin llover más de lo necesario.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Sevilla la pequeña, Sevilla la chismosa

Enciendo el televisor y veo con cierta inquietud que la cadena "enrollá" ha mandado a Sevilla un reportero de aspecto muy pintoresco. Está dando la entradilla desde la puerta cerrada de una antigua iglesia. Según parece, uno de los habituales a sus programas, alguien que mantienen en nómina con carácter de interinidad va a celebrar algo. Mis ligeros temores se hacen realidad cuando por fin oigo la primera frase: ....si viviera en Sevilla me acercaría a la iglesia.... Luego, toda una batería de estereotipos y gilipolleces que me dejan enmudecido. Contemplo ese ejercicio "periodístico" y de "debate" y me espanta que esa gente, esa manera de actuar, pueda llegar a tener algún tipo de influencia entre sus asiduos televidentes, que todo lo que digan desde una cuidadosa postura a la hora de sentarse en una silla, desde unas ropas de marca y horas de peluquería adquiera carácter de verdad inamovible y que todo ese proceder y palabras sean tomados como algo culto y con rigor.
Cada vez que alguno de sus interinos organiza algo en Sevilla - ciudad que según parece es una auténtica cantera para este tipo de negocios- utilizan el nombre de la ciudad, secuestran la realidad social de la ciudad, para amoldarla a sus propios intereses y naturaleza. Se oyen continuas frases del tipo ...por Sevilla corre un rumor... Sevilla es muy pequeña....En Sevilla se conoce todo el mundo..., que desvirtúan por completo el carácter y el verdadero tamaño de la ciudad. La reducen con sus palabras al valor infimo de un pueblucho chismoso donde todo el mundo está cortado por el mismo patrón . Es como si pretendieran hacer creer que "Sevilla" funciona y se maneja de la misma manera que ellos con sus negocios de chismorreos y prejuicios. Dan una imagen totalmente irreal y distorsionada de la ciudad y sus habitantes.
Sevilla es muy grande tanto en extensión, como en número de habitantes y, por supuesto, en historia. Se encuentra entre la cuarta o quinta ciudad de España en cuanto a número de habitantes, que suma 700.000, si se le suman los de los pueblos el número se duplicaría. Tiene el casco antiguo más extenso de Europa, superando al de Londres, por toda esa historia de que fue el puerto de indias, cuando lo del imperio, las colonias y todo eso. El pulso de la ciudad, el día a día, no lo marca el chismorreo de turno ni ningún friki televisivo. Y la vida de sus habitantes no gira alrededor de cualquier evento que celebre alguno de estos, que tendrá su círculo de amistades y conocidos, pero que no implica a "Sevilla entera", ni muchisimo menos. Entre
sus infinitos episodios históricos la ciudad fue muy conocida por su imprenta, que a su vez fue precursora de la primera imprenta que se estableció en América, en Ciudad de México, lo que dice mucho de su historia antigua.
Sevilla no es una calle en la que salen las marujas a tender la ropa mientras comentan la última jugada del personaje televisivo de turno como si lo conocieran de toda la vida. Sevilla es muy grande, tanto como las necesidades que la acucian en muchos aspectos. De entre los diez barrios más pobres de España, siete se encuentran en Sevilla, y el barrio más pobre se encuentra precisamente en esta ciudad, por ejemplo. Que todo hay que decirlo. Tal vez sí sea muy pequeño el circulo elitista y perfumado que esta gente suele frecuentar para hacer negocio a base de conocer la vida de unos y otros articulada en personalidades especialistas en egocentrismo y chismorreo. Un negocio muy rentable, que da pingües beneficios, que desplaza la auténtica realidad y que confiere con el barniz de la eminencia a cualquiera que aparece en televisión.

martes, 15 de marzo de 2016

Por encima de la ley

Hoy por hoy, en pleno año 2016, en pleno siglo XXI, trescientos años después de que se iniciara la ilustración y cayera el absolutismo, existen una serie de personas que están literalmente por encima de la ley. Que están por encima de la ley en nuestro propio país, no me refiero al sistema judicial de ciertos países de otras latitudes. Personas que en su momento fueron acusadas formalmente de haber cometido un delito pero que ya están libres de polvo y paja, sin declarar, sin juicio, ni nada que se le parezca. Personas anónimas, es decir, no se las menciona en televisión ni aparecen en telediarios ni llenan portadas de periódicos. Personas que teóricamente no tienen ningún tipo de inmunidad jurídica, ni diplomática, pero que están asesorados y se conocen todos los entresijos legales para que la justicia ni si quiera se les acerque y estén tan blindados como cualquier mandamás de cualquier república bananera. Probablemente, usted mismo haya tenido - o incluso tenga - algún tipo de contacto con este tipo de personas sin saberlo. Quizás se los haya cruzado por la calle, o subido en el mismo autobús, o incluso sean vecinos o vayan al mismo bar de su barrio los Domingos, quién sabe.
Según parece, la macrocausa de los ERE en Andalucía -que es el mayor caso de corrupción política en España y Europa - , debido a su inmensidad, complejidad y al funcionamiento de la justicia en este país nuestro está dando como resultado que muchos de estos delitos comiencen a prescribir y que los acusados en esta trama comiencen a irse de rositas sin responder ante nadie, ante la justicia. Todo esto está sucediendo sin la luz ni el taquígrafo que correspondería a unos hechos tan graves. Abogados presentan recurso correspondiente, y punto. Su cliente queda a salvo de cualquier reclamación ante la justicia. Tales son los casos de dos ayudas concedidas en el 2002, 2003 y 2004 a dos empresarios vinculados al partido hegemónico andaluz y que sumando las dos cantidades ascienden a más de 340.000 euros de dinero público, recaudados a base de impuestos del esfuerzo de la gente en salir adelante, buscarse la vida e intentar mantener una vida medianamente digna. De nada sirvieron los avisos de la jueza Alaya sobre la dimensión y complejidad de lo que se traía entre manos, antes bien le pusieron innumerables trabas y tuvo que soportar presiones miserables por parte de esos círculos que arropan a todos estos delincuentes que le chupan -nos chupan- la sangre a todos de una manera u otra. Porque sólo con el hecho de apoderarse de un dinero público están privando a toda la sociedad de una serie de mejoras que se podrían acometer con ese dinero. Todo esto sucede sin ninguna concentración "espontánea", ni ninguna manifestación masiva a base de pegatinas en el pecho, caceroladas y megáfonos. El funcionamiento de la justicia, sus consecuencias y el entramado de los ERE no aparecen en ningún programa especial de televisión, ni equipos de investigación que valgan, todo se limita al espacio que ocupa la noticia en la página de los periódicos. Sobre el entramado que han ido urdiendo en el nombre de la democracia y del ser andaluz mejor ni mencionarlo. Es más conveniente ahorrar energías para asistir a esas concentraciones políticas, organizadas por el líder de turno al son de la campanita que toque.
Personas anónimas, sin rostro pero con un rostro más duro que el cemento, que probablemente hayan asistido a innumerables manifestaciones a favor y en contra de muchas cosas acompañando a sus compañeros de partido, que hayan celebrado a boca llena el día de Andalucía, el de España y todo lo que se tenga que celebrar, que asistirán dentro de poco y con total tranquilidad a las procesiones de Semana Santa y que no se perderán la feria o una eliminatorio de Champion, Europa League o lo que sea. Unas personas que sienten su tierra, sus tradiciones, sus equipos de fútbol; dando ejemplo de lo que es ser andaluz y español.

miércoles, 9 de marzo de 2016

La igualdad, los polític@s y la palabrería

Semáforos igualitarios. Sustituir parlamento de los diputados por parlamento, a secas. Miembros y miembras. Cantantes y cantantas - que también llegué a oír en una ocasión - . Y la lista sería mucho más larga. Los políticos en este país no escatiman en dinero público ni en clases de oratoria y puestas en escena para dejar bien claro que están en contra de todo lo malo, en general, y a favor de todo lo bueno, también de forma general. No ahorran esfuerzo para enlucir repetidamente la fachada de nuestra sociedad ni para dar sermones morales y éticos desde sus atriles políticos, aunque luego, desde sus propios partidos muestran una ambigüedad asquerosa y perversa para cuestiones de estado que nos afectan directamente a todos los españoles. Son los primeros en hablar de sociedad cuando pasa algún suceso escabroso y muy desagradable, pero son los primeros en olvidarse de la sociedad cuando realmente importa. Llevan bastantes años intentando imponer un modelo de lenguaje y comportamiento como el que ellos utilizan en sus discursos, apoyados por periodistas, personalidades afines, modelos televisivos y una educación amoldada hasta cierto punto por ellos mismos, y parece que están consiguiendo lo que se proponen: reducir al INDIVIDUO a un valor ínfimo de la sociedad para que tenga la necesidad imperiosa de integrarse con una sonrisa y cierto malestar a cualquier grupo, parecer o tendencia aunque no esté de acuerdo; hacerle ver que tener personalidad suficiente para poner en práctica su propio criterio e ir en contra de la corriente que le rodea sólo le traerá confrontación con casi todo el mundo y que no merece la pena, que no se obtiene nada beneficioso. Al igual que en las maneras de los políticos prima el lavado superficial de cara y las apariencias, los asuntos más profundos y con vistas a largo plazo son despreciados sistemáticamente, no sirven para nada. Esta es la tendencia puesta en marcha desde hace mucho tiempo y a la que muchas personas honradas, que pretenden ser felices, estar a gusto consigo mismas y realizarse como personas se tienen que enfrentar con regularidad aun a riesgo de ser etiquetadas como mandan los cánones.
 Hace unos días asesinaron a una mujer en su propio domicilio. Según parece fue su marido, que intentó después quitarse la vida. En una rueda de prensa apareció la política de turno, a la que le dieron un cargo específico para estas cuestiones, vociferando, con la vena del cuello hinchada, intentando culpar a no se sabe muy bien qué o quién sobre lo sucedido: ...la sociedad tiene la obligación... gritaba como si pretendiera cambiar la condición ruin de las personas desde la rueda de prensa. Sus palabras intentaron repartir perversamente cierto grado de culpa entre la sociedad. Como si los políticos y los que "velan" para que todo esto funcione no pudieran hacer nada más, como si estuvieran desbordados. Como si fueran ellos los que tirasen verdaderamente del carro y la sociedad tuviera una marcha menos que ellos. Como si fuera la sociedad la que debería poner de su lado para erradicar de una vez la maldad en el mundo. Como si fuera deudora de la clase política. Mensajes y comportamientos perversos que si son asumidos anulan el criterio propio y toman por inteligente cualquier crítica sistemática y facilona a la propia sociedad, a nosotros mismos. Si quiere usted algo verdaderamente importante búsquese la vida, que aquí no tiene que llamar para nada. ¿No pretenderá encima que papá estado le resuelva la papeleta? Se suele oír también esa frase que algunos pretende pasar por una verdad irrefutable e inteligente. Mucha gente siente que recibir ayudas es algo secundario, que es un añadido, que no es una obligación, que si falta trabajo o es muy precario lo único que hay que hacer es moverse más y punto. Que hay mucho flojo suelto.
Qué terrible. Qué tristeza más grande para todos. Ser político en este país es un auténtico chollo: no asumen responsabilidades ni cuando roban, así que con otras cuestiones.....con culpar implícitamente a la sociedad de los males que deberían paliar ellos es más que suficiente. Lo de la creación y la redistribución del empleo en nuestro país para construir una sociedad más equitativa y que las personas sean verdaderamente independientes  y puedan tener herramientas y recursos suficientes para defenderse contra cualquier imprevisto que surja, ya sea maltrato, familia numerosa mantenida por una pensión o por un trabajo precario y un sin fin de cosas más, lo seguiremos dejando para más adelante.....tras cuarenta años.

lunes, 7 de marzo de 2016

La violinista

A pesar de su empeño por hacerlo bien y de su gesto reconcentrado, por entre las cuerdas de su violín se colaba de vez en cuando alguna nota desafinada. Con la partitura colocada encima de una papelera y la funda del violín en el suelo, ocupaba una esquina discreta de la calle principal. Por ser Domingo por la tarde la mayoría de comercios se encontraban cerrados, y los viandantes se dedicaban a pasear tranquilamente, sin prisas, paladeando el día festivo entre veladores y miradas a los escaparates. Tal vez fuera el ritmo pausado del día lo que hizo que la mujer violinista no pasara inadvertida a los ojos de algunos transeúntes. Acostumbrados a los jóvenes perfeccionistas que congregaban a su alrededor a una variada multitud de curiosos y turistas, algunos con sus móviles inmortalizando el momento, aquella mujer representaba la improvisación absoluta y la falta de destreza a una edad intermedia. A sus cerca de cuarenta años ocupaba una esquina discreta y en su funda había sólo algunas monedas. Se trataba de un tímido paso, de su primer pasito experimental para calibrarse a sí misma y a su música delante de todo aquel que pasara delante de ella.
Un día, de buenas a primeras, comenzó a estudiar música por su cuenta con la ayuda de algunos tutoriales que había encontrado por internet. Estudiaba a toda prisa y a marchas forzadas, como si tuviera la extraña sensación de llegar tarde a algún tipo de encuentro. Para los de su entorno más cercano que creían conocerla se trataba de otra novedad más que dejaría con el paso del tiempo. Lo cierto era que a lo largo de su vida lo había intentando en varias ocasiones de manera furtiva, pero ya fuera por necesidades reales o por diversos fantasmas que habían conseguido alojarse en su cabeza tuvo que desistir en su propósito. Cuando los de su entorno se referían a otra novedad hacían referencia a otros asuntos alejados de la música. Su verdadera pasión e inquietud había conseguido salvaguardarla durante todos esos años de los aguijones de los imbéciles y mezquinos que orbitaban a su alrededor. Y ahora, todo aquello estaba saliendo con la impetuosidad de algo que habia estado encerrado entre cuatro claustrofóbicas paredes, que ha permanecido cautivo, y de repente ha ganado su libertad. Cuenta que estaba extremadamente nerviosa. Que era la primera vez que hacía algo parecido. Que jamás había tenido contacto alguno de cara al público, ni pedido en la calle ni ninguna de estas historias. Que ya tenía pensado de antemano el lugar y el mejor día para hacerlo. Y que sintió mucho miedo instantes antes de ponerse a tocar, que las manos le llegaron a temblar. Decía que tenía que esforzarse al máximo para mantener esa concentración que le permitía tocar con esa técnica tan deficiente, pero que de momento era la que tenía, que era la suya. Y sobre todo decía que era una persona totalmente nueva, renovada, que había ganado en confianza y autoestima desde que tuvo el valor de dejarse llevar por su auténtica pasión. Que se veía tocando en la calle y no se reconocía. Y que las nimiedades que antes la agobiaban dejaron hasta de existir.
Un alemán de pelo canoso y cara rojiza, de entre sesenta y setenta años que hablaba respetablemente el español, se acercó a la violinista acompañado por su mujer. Tras echarle algunas monedas y entablar una breve conversación, con gesto amable y ante la sonrisa cómplice y algo distante de su mujer, tuvo a bien darle algunos consejos. Agarró el instrumento musical, se lo puso en el hombro y comenzó a tocar, alternando con algunas indicaciones que la violinista recibía de muy buen grado y muy sorprendida. La lección musical improvisada duró varios minutos más en la calle semidesértica, tiempo más que suficiente para que la mujer pusiera en práctica aquellos breves consejos ante el gesto risueño de su improvisado profesor, que acompañaba el tono musical con un balanceo de mano y un gesto de cara muy simpáticos. Finalmente, se despidieron los tres muy amistosamente y el jubilado alemán le dio a la chica una tarjetita mientras le indicaba - esta vez sí con gesto bastante más serio - insistentemente con el dedo algo que se podía leer en ella y que era de gran importancia.


sábado, 5 de marzo de 2016

Y Rosa Parks volvió al autobús

A cada parada, el autobús se iba llenando. El insistente rumor de los pasajeros fue desplazando progresivamente al silencio de un autobús semivacío que hasta aquel entonces había realizado casi todo el trayecto como una especie de autobús fantasma. Los asientos se fueron ocupando y el ambiente se tornó más dinámico y alegre. El bip de la máquina al pasar el bonobús se volvió una constante. Mucha gente comenzó a entrar por parejas o grupos, continuando la misma conversación que ya mantenían en la parada, de vuelta del trabajo, de las clases o de cualquier otra parte.
- Sigue adelante que atrás hay un sitio.
- ¿Me deja usted pasar?
Frases que se oían cada vez con mayor insistencia. Muchos ya tenían que empezar a conformarse con hacer el viaje de pie. Entre el barullo de la gente que comenzó a agolparse en la entrada y los que continuaban entrando apareció la figura grande de una mujer de raza negra. Consiguió meter con total suficiencia un enorme carrito de lona verde; como si sus fornidos brazos estuvieran ya acostumbrados a aquel trajín. El ambiente en esos instantes hacía que el interior del autobús fuera un hervidero. Un zumbido constante de gente hablando sin cesar, contestando el móvil, grupos de jóvenes riendo y algún que otro frenazo a destiempo que añadía mas pimienta a la cosa hicieron que el vieja fuera más entretenido que al principio. Uno tenía que fijarse detenidamente en algunas personas para tener la absoluta certeza de que no todo el mundo iba hablando ni montando follón, desde luego. La mujer negra llevaba un pañuelo verde en la cabeza y permanecía de pie, agarrando el carro con fuerza con sus dos grandes manos. Su gesto severo escrutaba fugazmente su alrededor de vez en cuando o bien se perdía al final del autobús, hacia un punto impreciso. De labios carnosos, cara redondeada y mirada algo caída y profunda, también fijaba su atención más allá de los amplios ventanales del autobús, haciendo un paréntesis en su estado de semivigilancia. Con la mirada perdida en el paisaje que se movía ante sus ojos negros, su parpadeo se volvió más pausado. Se encontraba en ese estado ausente al que todos hacemos una visita en momentos puntuales. Quizás estuviera pensando en su familia, en su propia vida aquí en España o quién sabe en qué cosas. Estando así, algo la hizo reaccionar, sacudiéndole de golpe su reconcentración: la mujer que se encontraba sentada justo a su lado se bajaba en la próxima parada y ella ocupó su asiento sin inmutar en nada el gesto, sin mover si quiera lo más mínimo la comisura de sus gruesos labios. Con sus brazos reacomodó el carro y lo puso a su lado. Sentada, con la cabeza inclinada hacia atrás, notando el vaivén del autobús y rodeada por el monótono runrún de la gente le resultó imposible no quedarse dormida. Su respiración se volvió más profunda y pausada. No hay mejor cama que un cuerpo cansado y más tranquilidad que tener la certeza de que nada malo te puede ocurrir. Largos viajes, largas travesías, innumerables fatigas y trabajo de esclavo en un año tan futurista como el 2016 donde, según la filmografía, nos podríamos teletransportar, viajar en el tiempo o desplazarnos en coches voladores, hace que cualquier rincón sea ideal para descansar. Se despertó tras un buen rato, tras muchas paradas. Como sacudida por una especie de resorte biológico que hubiera desarrollado tras innumerables trayectos en la línea de autobuses, se despabiló instantes antes de llegar a su parada, se levantó, agarró el carro con la misma determinación, con el mismo gesto severo, y bajó del autobús.

miércoles, 2 de marzo de 2016

La perversión en el sistema y el silencio que mata

Otra vez ha vuelto a suceder. Ha pasado lo de siempre. Nadie sabe nada. Nadie habla de nada. Y otra vez la soledad de unos padres que tienen que lidiar contra los tribunales y contra los elementos para que se haga justicia, para hacer honor a la memoria de su hijo y para buscar a los perversos malhechores que lo abocaron al suicidio. Por enésima vez nadie se hace responsable de nada. No son los primeros padres que vemos aparecer en televisión transfigurados por el dolor, desesperados por recuperar la dignidad que le arrebataron a sus hijos de la forma más vil y abyecta. En el recuerdo quedará para siempre la soledad de la madre de Sandra Palo, gritando desesperada en la puerta de la cárcel, desencajada de dolor porque ya había cumplido la exigua condena uno de los malhechores que asesinaron a su hija. El continuo peregrinaje de los padres de Marta del Castillo por los lugares donde se supone está el cuerpo de su hija y que a su vez emplazó el único semi-condenado del caso es ya sabido y continúa a día de hoy, con sus consiguientes apariciones televisivas. Casos hay muchos y son muy sangrantes y ponen en evidencia nuestro sistema judicial. Los padres se convierten a tiempo completo en vigías de sus propias causas sin más apoyo que el que puedan tener de sus círculos más cercanos y teniéndose que enfrentar inexplicablemente a ciertos periodistas que pululan por ciertos programas de televisión. No sé qué tendrá esto de la justicia, que en cuanto se habla de reformas de verdad, para que funcione de verdad, en manos de personas verdaderamente honradas que lo único que pretenden es que las cosas funcionen a mejor, todo quisqui se pone a temblar: "antifascistas" , "revolucionarios" , "capitalistas" , y todos esos mismos que pertenecen a partidos que montan puestas en escena y que claman a los cuatro vientos contra todo tipo de injusticias y que son los primeros en abanderar manifestaciones a favor de la igualdad, dignidad, contra el maltrato machista,  contra la violencia machista, guerras y todo lo malo en general. Es indignante el contraste tan grande que existe entre la soledad de la honradez que encarnan los padres con su dolor, y las multitudinarias puestas en escena subvencionadas a base de impuestos. Es perverso, aberrante, vil e hipócrita ver cómo el politiquillo de turno agita la campana que indica a todos que ha llegado la hora de manifestarse a favor de todo lo bueno y en contra de todo lo malo, pero que se opone o pospone para más adelante la reforma de la justicia y del código penal. Cientos, miles, centenares de miles de personas se echan a la calle al son de la campanita en plena era del "librepensamiento" y el acceso a la información, con sus globitos, pegatinas en el pecho, cánticos y otras gilipolleces con la única intención de hacerse oír y clamar contra la injusticia que toque ese día y para demostrar ante las cámaras de televisión, ante los amigotes, ante los vecinos y ante cualquiera que son guais del paraguai y que batallan contra cualquier injusticia que se les ponga por delante. Es indignante, vomitivo, repugnante y asqueroso ver todo ese teatro, todos esos perfumes, todo ese lavado de cara, todo ese acompañamiento y contrastarlo con la soledad de la causa tan noble que encarnan esos padres. Y es que estos padres ponen en evidencia sin pretenderlo a todo el sistema político en general y se convierten en una verdad incómoda para todos esos montadores profesionales del teatrillo.           
Se ha suicidado un chiquillo, un niño de 11 años y en las imágenes se ven compañeros de patio asistiendo a clase acompañados por sus padres como si nada hubiera sucedido.  Periodistas y tertulianos se preguntan en directo que cómo es posible que un niño con esa edad se llegue a suicidar. Hay imágenes que hablan por sí solas y esa aparente indiferencia en la puerta de entrada al centro son de las que lo dicen todo. Me cuesta mucho trabajo imaginar que en la intimidad del hogar ningún padre le pregunte a su hijo por lo sucedido o que ningún chiquillo le cuente a sus padres algún episodio aberrante que haya presenciado u oído por boca de otros y que pueden llegar a trastornar una mente infantil. Todo lo que están viviendo estos chiquillos, los alumnos del centro, les puede causar en realidad un serio trastorno. El tan socorrido "tú cállate y ve a lo tuyo" desde la voz autoritaria de un adulto ante lo que un crío percibe como injusto puede llegar a ser demoledor a largo plazo. Esa actitud cobarde con tal de salir indemne y tirar para adelante es muy perjudicial, mata de golpe el lado infantil, valiente y noble que tienen todos los críos. Esa respuesta ante algo tan injusto marcará a muchos críos para siempre y hará que su comportamiento quede condicionado para mal en una edad adulta.
Cuenta el padre en el plató de televisión que el hijo salió aquel día del colegio con la cara pálida, aterrado, pidiendo alejarse del colegio a toda prisa. Relata con entereza pero con un fuerte ramalazo a dolor en el rostro todas las vicisitudes en los días previos al suicidio. Que fue su mujer la que lo llamó por teléfono y se lo dijo, que él ya no estaba en casa porque se levantaba muy temprano para ir a trabajar. Y que su hijo había dejado una carta en la que decía que ya no aguantaba ir al colegio y que era la única forma de no ir. Pues bien, el juez ha archivado la causa porque según parece no existen indicios suficientes de que Diego sufriese acoso escolar. Pues nada, asunto concluido, finalizado. Mientras tanto las cosas continúan su transcurso natural en el centro. Su normalidad, que es de lo que se trata. Una siniestra y perversa normalidad que no la quisiera en absoluto para mí. Una siniestra y perversa normalidad en las instituciones escolares y políticas, que cada vez que sucede algo semejante son los primeros en escurrir el bulto y no aparecer en televisión. Ninguna proclama, ni manifestación masiva, ni muestras de apoyo a los padres destrozados, ni nada de nada. Solos, más solos que la una los ha dejado este sistema perverso que nos "gobierna" y nos rodea. Desde luego, no me gustaría estar en el pellejo de los cómplices que actúan o callan con una muerte a sus espaldas. Ni en el pellejo de esos negligentes que no hacen ni exigen que se haga lo debido para esclarecer lo sucedido.

martes, 1 de marzo de 2016

El día de Andalucía, la pastelada de siempre

Eso es lo que ha sido por enésimo año consecutivo el día de Andalucía, la pastelada padre. Un poco jarto , pero jarto de verdad, hasta el hartazgo, como diría aquél, de que todos los años utilicen la entrega de medallas de Andalucía en el Maestranza para recordarnos continuamente la suerte que tenemos de ser andaluces, de tener una democracia y de tener una autonomía. De oír frases y versos grandilocuentes sobre Andalucía y lo buenos, pluralistas y alegres que somos los andaluces. Por cierto, muy bonitos los versos de Sabina, la verdad. Oírlos con su característica voz rota hizo que resaltara más aún la intensidad del momento. Entre tanto, cada uno fue a lo suyo. Y me refiero a los políticos, que aprovechando el foco mediático del día no se cortaron a la hora de lanzar mensajes políticos. El líder de IU organizó una marcha en Córdoba que estaba más cerca de un acto promocional de su partido que del día de Andalucía. A la cabecera de la manifestación iba una pancarta con el lema: Andalucía en pie de igualdad. Y entre la concurrencia se veía claramente banderas comunistas, de IU y otras que sustituían la bandera andaluza por una con una estrella en la franja horizontal blanca. Supongo que también habría alguna bandera andaluza, pero yo no las vi. De paso, el líder de IU tuvo a bien modificar la letra del himno andaluz por uno más reivindicativo, por uno del cambio, quizás: "Andaluces, levantaos contra el capitalismo, contra las oligarquías y contra quienes nos saquean", mutilando también de paso la letra que escribió  Blas Infante, que a todo esto es el padre de la patria andaluza, aunque en las escuela y en la mayoría de sitios sólo se le conozca de pasada y muy pocos conozcan su obra y su testimonio sobre los tiempos convulsos de la preguerra civil. En su obra el Ideal Andaluz aborrece a la clase política de la época a los que tilda de histriónicos, y cuenta de primerísima mano las penurias y las miserias en que vivían los jornaleros andaluces. Personas, hombres, tostados por el sol, famélicos, que por supuesto no entendían de horarios y que pasaban hambre de verdad, necesidad de verdad. Aporta su visión estremecedora de la vida de los jornaleros y la lucha que tuvo que entablar contra el caciquismo imperante. Todo esto, que debería ser lectura obligada en centros de enseñanza se sustituye en estos días por las mismas pasteladas y puestas en escena de siempre. La mínima referencia que se tiene sobre la patria andaluza y Blas Infante siempre viene, y muy ligeramente, en estos días. Y todo esto ha hecho con el paso del tiempo que la festividad se fuera diluyendo cada vez más hasta terminar en un día festivo como otro cualquiera.
Susana Díaz no dejó escapar la ocasión de clamar a favor de las diputaciones y de otras cosas más mientras entregaba en una ceremonia solemne las medallas de Andalucía. Todos los años se tienen que oír discursos que evocan tiempos pasados, episodios que nos llevaron hasta nuestros días a tener el sistema imperfecto que tenemos y que se debería estudiar en los colegios para que cada uno tuviera conocimiento y juicio propio sin que ningún político ni personalidad intentara encarnar el papel de abuelita entrañable y cándida contadora de historias inimaginables. Hace unos años, Antonio Banderas realizó un sentido discurso al ser nombrado hijo predilecto de Andalucía. Relató el asesinato del joven Caparrós en la manifestación multitudinario del 4D. Habló de unos episodios que según él mismo contó vivió en primera persona. Y en las palabras que dedicó a los oyentes y a los andaluces expresó la necesidad de recuperar el espíritu reivindicativo de aquellos días. Han pasado ya cuarenta años y no recuerdo ni un solo discurso directo a los que mandan en Andalucía y que son los únicos responsables de que esta comunidad autónoma lidere los niveles de desempleo y emigración ya no sólo a nivel nacional sino también a nivel europeo. Antes bien, se le da a los discursos amplias vueltas, tirabuzones y piruetas para, parece, evitar mencionar a los que mandan desde siempre en Andalucía y continuar rememorando tan rentablemente la época del blanco y negro. En su momento muchos vieron en la política la ocasión propicia para hacer negocio y en eso están todavía. Mientras algunos tienen que dejar a sus familias para ganarse la vida o partirse la espalda por unos euros, estos, los que mandan, los de siempre, los que ponen medallas y los que no las ponen, los de siempre, se permiten hasta el lujo de decirnos cómo debemos sentirnos y de cómo tenemos que vivir estos días tan felices para todos los andaluces y andaluzas - que aquí tampoco se discrimina ningún género, faltaría más- mientras montan puestas en escena parapetados en los sentimientos de todos los andaluces y nos recuerdan implícitamente que tenemos que estar agradecidos por lo que tenemos, y punto. No hay vuelta de hoja. Y el que no lo vea así es sencillamente un ingrato, un necio, un desagradecido o yo qué sé cuántas cosas más. Pronto vendrán todas las fiestas primaverales y tantos ellos como los de su entorno la vivirán al máximo como buenos andaluces que son. Y a ver quién es el ingrato que no brinda con ellos por su particular dolce vita.